¿Alguna vez te preguntaste si sería posible vivir completamente solo, sin contacto con otras personas? ¿Creés que esto sería deseable? Todos los días, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, realizamos múltiples tareas y actividades que nos parecen naturales, ya que las hacemos casi sin notarlo: lavarnos los dientes, prepararnos el desayuno, tomar el colectivo hacia el trabajo, escuchar nuestro programa de radio favorito. Pero si nos detenemos a pensar sobre ello: ¿son actividades “naturales”? ¿Podríamos realizarlas si no viviéramos en sociedad? ¿Podríamos prepararnos el desayuno si no existieran otras personas a nuestro alrededor que, por ejemplo, fabriquen el pan que comemos? ¿Podríamos tomar el colectivo si no hubiera otra persona para que lo conduzca? Estas preguntas, que parecen muy sencillas, en realidad no lo son: nos llevan a reflexionar acerca de un punto fundamental: la naturaleza social del ser humano.
Te proponemos leer con atención este fragmento de un texto de Aristóteles, en el que reflexiona sobre este tema:
Es evidente, pues, que el Estado es una creación de la naturaleza y que el hombre es, por naturaleza, un animal social, y que el hombre que es naturalmente insocial, y no por azar, o es subhumano o es más que humano. Pues, tal como dice Homero, quien carece de clan y de ley y de hogar es una aberración, ya sea un simple ser humano o una bestia. La razón por la cual el hombre es un animal social, más que cualquier abeja o que cualquier animal gregario, es evidente. La naturaleza, como decimos, no hace nada en vano, y el hombre es el único de los animales que posee la palabra. La voz es señal de lo agradable y de lo desagradable, por lo cual es también compartida por los demás animales (pues su naturaleza les permite tener sensaciones de dolor y placer y comunicarlas entre sí); pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como también lo justo y lo injusto. Y es propio del ser humano en comparación con los demás animales, que sólo él tenga percepción del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto y de los otros valores; y es la participación de estas percepciones lo que constituye la familia y el Estado.
Aristóteles. (1994). Política (A. Tovar, Ed.). Madrid: Gredos. (Obra original siglo IV a.C.).
Te proponemos seleccionar las cinco palabras que consideres más importantes en este texto y justificar el porqué de tu selección